
Cualquier propietario de un inmueble comercial que cuente con invernaderos conoce bien el problema que suponen las altas facturas de calefacción en invierno. Los sistemas de aire forzado calientan el aire, no las plantas. Por lo tanto, consumen mucha energía toda la noche solo para combatir los bajos temperaturas. Cuando el rendimiento de la calefacción disminuye, se produce un crecimiento desigual de las plantas, además de costos más altos de energía, y el edificio no cumple con los estándares de sostenibilidad.
Lo importante detrás de todo esto
Los calentadores infrarrojos para invernaderos proporcionan calor radiante que llega directamente a las personas, las plantas y las superficies, sin perder tiempo calentando primero el aire. En la práctica, eso significa una recuperación más rápida después de abrir una puerta o cuando llegan nubes, además de condiciones más estables en la zona donde crecen las plantas. Utilizamos tubos de cuarzo y un conjunto de reflectores para dirigir el calor hacia donde sea necesario. Estos equipos funcionan con alimentación eléctrica estándar, consumen una cantidad predecible de energía y pueden combinarse con termostatos simples o sistemas de control del edificio para operar de manera programada y repetible.
Por qué este método funciona bien en los invernaderos
Los invernaderos están diseñados para capturar la luz solar, pero aún así, durante la noche y en las temporadas intermedias, se necesita calor. El calor radiante evita que la masa térmica de los suelos y bancos de cultivo baje demasiado, lo que permite mantener temperaturas constantes sin tener que encender el equipo repetidamente. Esto significa menos fluctuaciones de temperatura, un ciclo de crecimiento más consistente y un consumo energético menor en comparación con los sistemas de calefacción basados en aire. Para los inmuebles comerciales, este enfoque contribuye a los objetivos de sostenibilidad, mejora el rendimiento operativo del edificio y fortalece sus activos al cumplir con las expectativas relacionadas con ESG.
Los detalles prácticos que marcan la diferencia
Los calentadores infrarrojos para invernaderos son fáciles de instalar, pero la ubicación es crucial. Es necesario contar con una visión clara hacia la zona a calentar, y también hay que elegir la altura y el espaciado adecuados para que el calor se distribuya uniformemente, sin que haya zonas demasiado calientes o demasiado frías. Es importante planificar un circuito eléctrico dedicado y pensar desde el principio en cómo integrar los sistemas de control. El termostato debe medir la temperatura a nivel de las plantas, no la temperatura en la parte superior del edificio.
Un dato importante: como la eficacia del calor radiante depende de la distancia, las afirmaciones sobre el área cubierta suponen que el equipo está montado a la altura adecuada y que no hay obstáculos en el camino del calor.